Sobre violencias (II)
“Pronto no necesitaremos aprender idiomas, nos bastará con saber aullar.”
El Roto
El lenguaje es una suerte de abrillantador de la realidad, si a ello le sumamos el poder de la imagen y la capacidad de difusión, tenemos el perfecto “kit” anestésico para el pensamiento crítico. Hay palabras que dulcifican, frases que sacan de quicio a todo hijo de vecino y brillantes ingenierías oracionales que pueden generar el rechazo unánime del sustantivo al que acompañan.
La violencia, y sus derivados son un gran ejemplo. Existe un acuerdo casi unánime en la sociedad de rechazo hacia ellos. El problema viene cuando este sentimiento, que denota un valor colectivo a priori muy positivo, es instrumentalizado por aquellos que ejercen poder para moldear la opinión y hasta para tergiversar la realidad.
El pasado día 29 de febrero la Plataforma Unitaria en Defensa de la Universidad Pública (PUDUP) convocó una huelga universitaria (de todos sus colectivos) y sacó a la calle a 70000 personas en una marcha multitudinaria por el centro de Barcelona. Este es el hecho. Pues bien, tanto el señor Mas, como los responsables de Interior, como los medios de comunicación metieron la mano en el caldero de las violencias y de entre todas sacaron la que les convenía, sin importarles ni un ápice que fuera la más anecdótica.
Porque ese día hubo muchas violencias. Los violentos recortes en educación, la violencia radical con que bancos que provocaron esta violenta crisis dejan en la calle a miles de familias desahuciadas, la radicalidad de desmantelar el flaco estado del bienestar en el momento en que más se necesita y un largo etcétera.
Pero también la violencia policial desmesurada, la violencia del gobierno de la Generalitat al banalizar una huelga secundada por todo el mundo universitario y por último la no menos grave violencia de los medios de comunicación al elevar la anécdota a categoría general. Porque por mucho que impacte una portada a todo color con un contenedor ardiendo, este hecho, en el contexto de una manifestación de 70000 personas es una anécdota. Y eso sin entrar en historias de infiltrados y provocadores.
Para acabar y por no desentonar en este mundo de palabrería políticamente correcta, añadir que sí, que condeno la violencia. Pero condeno todas y cada una de ellas, entendiendo que duelen mucho más las ejercidas por aquellos con poder de difusión, influencia o capacidad de transformar la vida de much@s.